Ffffffff

Todavía me sigue condicionando su presencia. A través de la ausencia. Me mira, me escucha, me habla en silencio. Sabotea mi paciencia.
Todavía está ahí, en el rincón oscuro de mi cuarto. En la valija con ropa de invierno arriba del ropero. En el ultimo cajón de chucherías de la cómoda. Y me tiene harto.
Todavía me susurra en sueños. Me dice que no soy tan libre, que es todo una farsa. Que aún no lo supero. Que sigue siendo mi dueño.
Todavía es el hombre que beso cuando beso a otro hombre y cierro los ojos. Todavía es el “¿Que pensaría?” que me pregunto antes de hacerlo. Todavía es el miedo de que aparezca y que me esté viendo.
Todavía lo llevo conmigo pero ante todos lo niego.
Porque ya no lo amo, no miento.

Pero la puta madre, cómo lo recuerdo.

CS.

RE KE SHA FOÉ

Esta mañana cuando llegué a mi casa, luego de una noche desbordada de música hermosa y sustancia alucinógena, en el estado más deplorable de mis llegadas de los últimos meses, pude notar algo.
Quizás el notarlo ahora y escribirlo, haga que pierda mérito, pero a mi me funciona bien la escritura como terapia y me es necesario felicitarme por esto.

Llegué y fui derecho a la ducha, de la ducha a la cama a hacer un zapping furioso y vano que terminó en vaya a saber que programa de televentas.
Miré un rato el techo, deliré unos minutos y reconté lo vivido mediante flashes que llegaban a mi consciencia.

Me dormí.

Y en ningún momento pensé en él.

The one that got away

Afuera hacía un viento terrible y no estaba para andar por la calle vagando, pero igual nos rateamos de la escuela.
Aprovechamos y fuimos a casa, que total mi vieja trabajaba hasta la noche. Dimos un par de vueltas y al final nos tiramos en su cama a ver los chimentos de la tarde, no sin antes hacernos algo calentito para tomar.

Sentado perpendicularmente a la cama, disfruté de que se atreviera a recostarse sin permiso alguno y apoyara su cabeza en mi hombro.

Me puse los auriculares cuando me aburrí del programa y mientras enredaba sus pies con los míos, empecé a escuchar canciones de My Chemical Romance.
Traté un par de veces, mientras agarraba mi taza para sorber un poco del café con leche con un chorrito de cognac que me había preparado, de ver su cara. Pero estaba muy acurrucado ya en mi pecho como para poder hacerlo.
Al rato me puse a mirar el techo y a pensar que ya hacía muchísimo tiempo que nos queríamos y que nos gustaba estar juntos así, más que cualquier otra cosa. Y hasta pensé en lo raro que sería todo, si no fuéramos nosotros viviendo eso.

Fue entonces que interrumpió mi pensamiento, me quitó un auricular y en un silencio imaginario que recuerdo haber sentido, tan solo para atender al nuevo y cálido tono de su voz, me preguntó si quería ser su novio.

Recuerdo que te dije que no…

R.O.T.O.S.

Me da miedo indagar sobre el corazón roto de alguien más, porque me incomoda fingir una sonrisa, porque nunca me salen sinceros los “ya va a pasar” y porque odiaría si llegase a reflejarme en el dolor ajeno. Por eso me contengo y me quedo en silencio.
No se, no nací para ponerme en el lugar de nadie. Seré egoísta quizás.
Aunque la verdad es que me ofusca decir que se lo que duele y me aterra más aún, la posibilidad de tener que decir por qué fue que aprendí cómo duele. Asi que no digo nada.
Si lloran delante mío, probablemente llore, y al hacerlo seguro me escude aclarando que tambien me provoca el vómito ver vomitar a alguien y que siempre se me pegan las tonadas.
Pero lo cierto, es que mi temor mas grande es que se me escape mi historia. Una ejemplificación tonta, una anécdota indiscreta y ahí nomás, todo el resto.
A veces me pongo a pensar si es que soy yo solo que siente de esta forma y a nadie más se le dificulta exponerse y crear intimidad, desde el dolor.
Que quizás tenga que ver con que las dos personas que más amé en la vida me defraudaron, o tal vez sea culpa de mi madre sobreprotectora y de mi padre ausente.
Ni idea, tampoco creo en la psicología, ni en ninguna religión ni ninguna otra mierda, asi que por el momento me conformo escuchando música y boludeando en internet.

(Y esperando a que nadie cercano sufra cuando yo esté)

¿Que hago si lo sigo amando?

¿Que hago todo el tiempo pensando en él? Cada día, cada hora. Despierto y dormido también. Lo veo como lo recuerdo y lo imagino como estará ahora sin mi.
Seguro está más lindo, porque siempre se ponía más lindo cuando pasaba tiempo sin poderlo ver. Y esa absurda asociación me lleva también a creer que seguro está más lindo que nunca, porque le prometí nunca más volverlo a ver.
Me sigo mordiendo la boca y sigo apretando los ojos, cuando se me cruza querer volverlo a llamar. Le hablé a gente a la que no le hablo desde la escuela para no hablarle a él.
Me tiemblan las manos mientras escribo esto, casi igual que me tiembla el cuerpo cuando me preguntan por qué se fue. Y en mis fantasías está todo el tiempo: en las más tristes, en las más felices y las más idiotas también.
Sigue estando en mis risas cuando me río tanto como en mis lágrimas y en mi sosiego. Me divierto pensando que ya lo superé y me deprimo pensando en como sería divertirme con él.

¿Que hago si lo sigo amando? ¿Como logro ponerle fin?
Ya me alejé en espacio, en convicción y en tiempo.
Pero sigue adentro de mí.

Romper(me)

El dolor que se provoca uno mismo por ponerse pautas a la hora de amar. El error que debe reconocer uno por no saber amar y hacerlo todo en modo inexperto. El amor que se niega uno a sí mismo, porque piensa que darlo todo al resto, es saber amar.

Reconocerse victimario uno mismo de lo víctima que es de su propia decisión de ser lo que decide ser, sin prejuicios.

Cantarse esta canción uno mismo frente al espejo y resolver: que todo es mejor cuando el que se rompe y se rearma desde cero, es uno mismo.

Dale Cristian Cym, rompete de una vez.

Goza de tu libertad

Me viste bailando y te acercaste. Creyendo que con tu táctica de remover viejos recuerdos ibas a lograr que me detuviera. Que te preguntase como te iba en tu vida ahora que sos libre. Que cayera en tu trampa. Que me fuera con vos, dejando atrás todo lo que había progresado.

Pero seguí bailando. Bailando como hubiese bailado con cualquiera que se me hubiese acercado. Dejándote cuando terminase la canción.
Esquivando todo el tiempo el rodeo de tus brazos, frotando ridículamente mis manos sobre mi propio cuerpo, con el único fin de tenerlas ocupadas, lejos del tuyo.

La falsa indiferencia que me quemaba por dentro. Me diste tanto y tanto me hiciste sufrir. Pero fue tanto más lo que aprendí que ni la canción, ni la multitud, ni tu cercanía, iban a lograr que lo perdiera.

Me dijiste “un placer verte de nuevo”. Te dije “igualmente”.
Y te fuiste por donde viniste con la misma cara de idiota que supuse tendrías cuando me llamaste la última vez, para decirme que no te cabía más lo nuestro.

Que te vaya bien Cristian Cym. Espero que siempre que te sientas humillado, pienses en mí.